miércoles 21 de septiembre de 2011

EL BARRIO COMO IDEOLOGÍA



No es difícil comprender el modelo de crecimiento urbano que han seguido la mayor parte de las ciudades en las últimas décadas. Con un simple paseo o breve reflexión sobre nuestros hábitos, podemos observar la separación de los elementos de la ciudad. Por un lado están los lugares de trabajo y oficinas, por otro las universidades alejadas de los centros urbanos, en otro emplazamiento encontramos los centros comerciales y de ocio y cada vez es más común que las viviendas también estén en zonas residenciales monofuncionales. Es decir, industria, comercio, ocio y vivienda separados espacialmente. Este modelo está basado en la división funcional del espacio urbano (funcionalismo urbano de Le Corbusier) consiguiendo que en cada lugar sólo se pueda desarrollar una actividad concreta. Las consecuencias de este modelo son muchas. La simplificación de las relaciones sociales al homogeneizar los espacios, la necesidad del vehículo a motor privado para moverse entre las islas urbanas, el aumento de la contaminación y, sobre todo, la pérdida de la idea de barrio.

Podemos encontrar ejemplos que muestran esta forma de construir la ciudad. El distrito 22@ en Barcelona, las Cuatro Torres Business Area o el Parque Empresarial La Finca en Madrid son muestra de la concentración funcional en el sector empresarial. En cuanto a la residencia, zonas como Las Tablas y Seseña muestran la poca funcionalidad de los nuevos modelos de vivienda. Lugares en los que el protagonista es el coche y las gasolineras son los nuevos centros de contacto humano al ser el nuevo mercado de abastos de estas zonas. La construcción de grandes centros comerciales en las afueras de las ciudades o la ubicación de las universidades lejos del centro tienen en común la simplificación de cada lugar y la dependencia del coche.

Diferentes autores han intentado definir este fenómeno, la ciudad difusa o urbanización dispersa, en el caso de la vivienda, son las más aceptadas. Esta forma de crecimiento supone la ruptura con el modelo de ciudad compacta y compleja tradicional en la que en pequeños espacios se daban múltiples usos y disfrutaban diferentes usuarios. La simplificación de los lugares viene dada por la previsibilidad de los mismos y la homogeneización de los usuarios. En otras palabras, los vecinos y vecinas de Las Tablas, generalizando, son gente del mismo nivel adquisitivo y similar categoría profesional y en su zona residencial será complicado encontrarse a alguien diferente a esos parámetros económicos y sociales (también étnicos). Esta homogeneización del vecindario contribuye a aumentar la diferenciación social ya que los que no entran en los parámetros de la categoría vecino son considerados ajenos y sospechosos. Lo mismo sucede en las zonas empresariales antes mencionadas. En resumen, son espacios en los que sólo determinada gente puede moverse con seguridad.

Frente al modelo que genera desconfianza en el otro, que depende del coche y fomenta su uso abusivo (con sus consecuencias medioambientales), que simplifica las relaciones sociales, en general, frente al modelo de la ciudad global capitalista hay que oponer una antigua receta que es el BARRIO, en mayúsculas. El Barrio como centro de intercambio y relaciones sociales, el barrio como cercanía, el Barrio como lugar de trabajo y de ocio, el Barrio como espacio heterogéneo, el Barrio como ideología, el Barrio como seña de identidad y militancia.

La concentración de vivienda, comercio, ocio y cultura que tienen los barrios en la actualidad es un potencial de transformación social. En la actualidad los barrios han sucumbido a la deriva de desconfianza y son meros lugares de residencia propios del nuevo modelo, el comercio de cercanía apenas subsiste y los referentes locales han desaparecido. Ante esta situación es necesario aunar esfuerzos y creatividades para poder recuperar el espíritu e identidad barrial. Gracias al 15M se ha recuperado el movimiento vecinal que tanto peso tuvo en los años 70 y 80 pero con otro modelo organizativo más abierto y cercano. Ésta puede ser la mecha para, entre todos y todas pensar nuevos barrios, recuperar espacios muertos y abandonados, apoyar al vecindario, romper con la idea del otro.

Recuperar las fiestas como acontecimiento popular organizadas por el propio vecindario, fomentar el deporte de base local, convertir los solares, pequeños jardines en desuso y otros espacios en huertos urbanos gestionados por la gente del barrio, detectar los edificios abandonados y proponer usos sociales para los mismos son solo algunas ideas que fomentarán la participación intergeneracional, la recuperación de identidad común y la vuelta a la confianza al trabajar en conjunto con el resto de vecinas y vecinos. Suena a utópico, es cierto, pero es necesario un planteamiento global del barrio que se quiere y cómo se quiere conseguir.

El espíritu está, ahora solo falta saber cómo llevarlo a cabo. Creatividad y participación son la base de la nueva construcción barrial.

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