
Este artículo pretende aportar puntos de vista para enriquecer el debate sobre el futuro del “15M”. No tiene mayor pretensión que mostrar por escrito algunas discusiones tenidas entre participantes de este movimiento.
¿Debe el "15M" convertirse en un partido político? ¿Debe formalizarse en una asociación o entidad similar para poder participar en los cauces legales? ¿Debería buscar una estructura tradicional para llegar a mayor número de personas? Estas son algunas de las preguntas que surgen en cualquier debate o conversación sobre el futuro del movimiento. Es interesante reflexionar sobre este asunto en el momento en que las últimas concentraciones contra la reforma constitucional no han tenido especial éxito y se extiende la sensación de pérdida de fuerza.
La democracia está basada en la participación, es el tipo de participación lo que hace que una democracia lo sea en realidad o no. En la actualidad la democracia parlamentaria que tenemos en España se basa en el voto como fuente de legitimación de las decisiones. El voto, en teoría, respalda un programa. Este programa no supone un contrato, es una mera declaración de intenciones, papel mojado, que si no se cumple no hay posibilidad de rendir cuentas ya que no es vinculante. De hecho las medidas que se han tomado estos meses no figuraban en ningún programa y no han sido consultadas. La delegación de la toma de decisiones es la base de este sistema democrático. La delegación es por tanto una falsa forma de participar pues lo único que se pide es votar. Esto es debido a la satisfacción que produjo la posibilidad de votar tras la dictadura franquista. Lo que en su momento pareció la panacea de la libertad y de la toma de decisión en los asuntos públicos se ha demostrado que no es más que un mero juego de poder entre una elite política en la que bien poco vale la opinión de la ciudadanía. La reducción de los cauces de participación al voto ha sedado a la sociedad y la han hecho sentirse necesaria y satisfecha con este sistema. Una falsa sensación pues si profundizamos un poco más vemos que fuera del voto (incluso dentro, ya que una importante abstención no tiene lectura política alguna para los partidos) no somos necesarios. Nos han robado la participación haciéndonos creer que fuera del voto todo es complicado e inútil. La democracia que hemos aprendido está viciada. Al igual que a caminar se aprende caminando y cayéndose, a “democrariar” (no democratizar) se aprende “democrariando” (no democratizando) Hay que verbalizar la democracia, convertirla en verbo para poder ejercerla. Debemos renombrar lo que estamos haciendo, no democratizamos, eso nos trae malos recuerdos de formas de exportar democracias occidentales. Debemos dar nombre a lo que hacemos, “democrariar” es reeducarnos en la democracia participativa, la verdadera democracia construida entre todas las personas.
La delegación mencionada es una forma de simplificación social. No hay que generar una opinión propia (que cuesta tiempo y reflexión) porque nos adherimos a la opinión de nuestro líder de confianza. Este líder bien puede ser un político, un periodista o un filósofo iluminado. Ellos piensan por nosotros y así nos unimos a una corriente de pensamiento sin haber usado ni un gramo de materia gris. Delegamos nuestra capacidad de pensar. Como respuesta a esta simplificación social a la que estamos acostumbrados hay que oponer la complejidad del modelo democrático participativo. La incorporación activa de las personas a todo el proceso decisorio, desde la definición del problema hasta su solución, enriquece y complejiza el sistema. Es por la inercia de la tradición por la que pueden surgir voces que pidan simplificar el “movimiento 15M” y convertirlo en algo dentro del modelo delegativo, una asociación o un partido. Que el Partido 15M me diga lo que debo opinar sobre la reforma constitucional o lo que debo pensar sobre las redadas a inmigrantes en los intercambiadores de transporte es una solución cómoda que acabaría con la complejidad pero también eliminaría la esencia de la democracia participativa que defiende el movimiento. La riqueza está en generar cultura participativa en todas las escalas y apostar por la ciudadanía activa y consciente como pieza clave del sistema. El “15M” dentro del sistema dejaría su compromiso con la democracia participativa en la estacada, amén de ejemplos varios que han intentado cambiar el sistema desde dentro y no lo han conseguido. Un sistema hecho a medida de dos grandes y pensado para que no se pueda transformar desde su seno.
El lugar del “15M” es fuera del sistema, ahí radica su fuerza. Un movimiento que surge de las consecuencias nefastas de un modelo, no puede intentar formar parte del mismo para cambiarlo. Sumarse a las luchas de poder, a la dependencia económica y a la competencia partidaria acabaría con el ejemplo de solidaridad y funcionamiento horizontal que aunque lento, vetado por minorías y copado por iluminados, es mejor que el modelo rápido (reforma express de la Constitución), consensuado por mayorías (PP y PSOE sin referéndum) y lleno de caras nuevas (miles de políticos profesionales).
¿Cómo conseguir que el peso que demostró el movimiento los primeros días quede reflejado en algo visible? Parece que flaquean las fuerzas y esto puede ser debido a las acciones que se están llevando a cabo. Las dinámicas de acción cada vez arrastran a menos gente, queman a los más activos y en no pocas ocasiones puede acabar con golpeados y detenidos. Saber compaginar la situación al margen del sistema con acciones de calado para poder ejercer presión real es el gran reto. Las manifestaciones multitudinarias son vistosas y alentadoras pero ni el millón de estudiantes de 1987 pudo parar la reforma educativa, ni las calles llenas frenaron la guerra de Irak, ni los disturbios generalizados en Grecia han acabado con las medidas de ajuste. El debate violencia-no violencia quedó claro el primer día pero con o sin ella, los movimientos sociales pasan frente a un sistema que avanza en su camino con relativa tranquilidad.
Complejizar, ralentizar y ser creativos es el camino.
En mi modesta opinión, el único camino del 15M es crear un tejido social en los barrios y pueblos basado en el despertar de una conciencia política crítica.
ResponderSuprimirAsí, a largo plazo, se podrá revertir el sistema desde abajo.
¡¡Pues exactamente lo mismo pienso yo!! no creo que debamos tener prisa... los verdaderos cambios requieren de tiempo y vendrán desde abajo... ánimo y sigamos tejiendo redes en cada barrio!
ResponderSuprimirGracias por colaborar con vuestros comentarios!! Es cierto que la fuerza más importante está en la descentralización en los barrios y pueblos y desde allí ir cambiando las conciencias y la manera de participar. Actuar desde la base y lo local para crear democracia participativa. Lo más importante es que hemos arrancado y esto ya no tiene freno.Ánimo y gracias a tod@s!
ResponderSuprimirBuen articulo. Queda decir que la democracia real es la democracia directa, es decir la democracia en la que las asambleas deciden y consensúan, lo otro es la dictadura de de la mayoría, y ni eso, por que esa mayoría es muy relativa.
ResponderSuprimirVotando lo que hacemos es ceder el poder a otro, que tomara decisiones por ti. Es decir crear tus propios amos.
Por la abstención activa.
Salud a los que luchan.
Interesante punto de vista.
ResponderSuprimirFelicidades por el blog
me gusta el articulo, coincido en mucho en cuanto a la descripcion, pero el final me parece que se queda flojo, no se, podrias haber escrito que clase de acciones o estructuras podiran desarrollarse para que sí se tenga influencia en el sistema, tal y como hace el primer comentario, con el que ademas coincido creo q crear "tejido social" puede ser un buen objetivo, pero hasta llegar al punto de que los que crean que trabajan para una empresa inmoral puedan dejarlo sin temer morirse de hambre o de frio. Pero bueno como dice el titulo son reflexiones.
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