
¿Qué es la seguridad? ¿Es un dato que a través de determinados índices nos señala lo que es seguro y lo que no? ¿Es por el contrario algo subjetivo más cercano a la percepción individual de cada persona? Un lugar seguro para una persona puede ser inseguro para muchas y viceversa. Este concepto tan personal y de difícil cuantificación es el que está definiendo en los últimos años las políticas de control del espacio público en las grandes ciudades del mundo. Se establece así un binomio peligroso que sitúa la seguridad vinculada al control dejando de lado los múltiples factores que influyen en la construcción de espacios seguros como pueden ser la educación, la construcción común del espacio público y la implementación de medidas preventivas y no punitivas.
Por nuestra seguridad se están desarrollando una serie de medidas en las que calles y plazas pasan a ser espacios controlados, lo que no implica que sean seguros, a través de cámaras de videovigilancia. La lógica de la implantación de estas medidas es que los espacios peligrosos e inseguros se conviertan en lugares exentos de riesgos pero la medida no va asociada a la transformación social que requiere mejorar los ámbitos vinculados a la seguridad. Entonces si las cámaras no cumplen esa misión de favorecer la seguridad ciudadana, ¿cuál es el motivo por el que se están extendiendo cada vez más estas cámaras?
Hay un doble discurso que defiende la implantación de cámaras en los espacios públicos (también transportes urbanos) basado en la inocencia individual como base para no temer a las cámaras “si no haces nada malo no tiene por qué preocuparte que una cámara te grabe” y por otro lado se complementa el discurso con la gestión que se hacen de las imágenes, “sólo la policía controlará esas imágenes” Este discurso resultista no se centra en los porqués sino que justifica la medida basándose en la presunción de culpabilidad, todos somos grabados porque todos somos sospechosos y la policía dirá si tus movimientos son “normales” o suscitan dudas.
Las cámaras se colocan por si acaso sucede algo en su campo de visión. ¿Este “por si acaso” es suficiente para acabar con la intimidad de los ciudadanos y ciudadanas? ¿Es necesario para la seguridad de un espacio que todo sea grabado? Esta idea, trabajada por Mike Davis o Foucault, de aplicar al espacio público lógicas de control panóptico para que nada se escape de lo previsto por las instituciones, es la clave del porqué de la instalación de las cámaras. El miedo a ser grabado, a ser visto hace que estemos constantemente con la presión de actuar según lo que se espera que se haga.
En definitiva, las cámaras son un instrumento más para controlar el espacio público, uniformizar los comportamientos sociales y conseguir que lo común sea percibido como ajeno al no encontrarse totalmente libre por la mirada escrutadora de una cámara.
¿Cuántas veces somos grabados al día? Metro, autobús, tiendas, bancos, calles, cajeros automáticos, portales, etc. tienen ya instaladas cámaras de video vigilancia. ¿Nos hacen sentirnos más seguros las cámaras? ¿Dónde está el límite de instalación de las cámaras? ¿Qué lugares están exentos de las cámaras y por qué? Dejo estas preguntas en el aire para el debate.
Yo creo que las cámaras sí son una medida efectiva para hacernos sentir más seguros.
ResponderSuprimirPero veo dos problemas en la implementación práctica de la "seguridad": Uno, el control de los dispositivos; usados éticamente (fallo de implementación insalvable) son una herramienta de vigilancia de los abusos policiales en calles y comisarías.
Dos, la propia definición de "problema de seguridad".
Creo que el planteamiento que hace el último comentario sobre las cámaras de seguridad confía demasiado en el buenísmo y saber hacer de las fuerzas de seguridad del estado. Como se ha demostrado multitud de ocasiones, las imágenes que han sacado el color y destapado abusos nunca han sido cámaras oficiales, han sido dispositivos ciudadanos. No se puede negar el corporativismo existente entre las fuerzas del orden. Por lo tanto las cámaras de vigilancia no hacen que me sienta más seguro y protegido de la policia, más bien al contrario.
ResponderSuprimirPor otro lado, si hubiera un ente no policial que controlara las cámaras de los furgones de policia (si las hubiera), calabozos y comisarias sí se avanzaría algo.
un saludo
Soy el primer anónimo. Eso es lo que quiero decir, que el problema no son las cámaras sino la gente que hay detrás, que son los que deciden qué se difunde y qué es un problema de seguridad.
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