
Es fácil caer en la tentación de votar en las elecciones generales del 20-N. Son muchas las promesas, las sonrisas en los carteles, los reproches a los que han gestionado mal la crisis y a los que no han arrimado el hombro en los momentos complicados. Son muchos los periódicos que nos invitan a reflexionar sobre un programa basado en lo público y otro en los recortes, sobre los buenos gestores y los despilfarradores socialistas. ¿Cómo no acudir a las urnas tras haber pensado, meditado y reflexionado el voto para mejorar la situación tan dura en la que nos encontramos? Es de buen ciudadano y casi un deber participar en la fiesta de la democracia por la que tanta gente ha luchado. ¿Cómo rechazar esa responsabilidad que se pone en los ciudadanos y ciudadanas?
Parece complicado resistirse a tal acto cumbre de la participación en la que por fin podemos rendir cuentas a nuestros gobernantes. Intentaré hacer un doble esfuerzo, recordar por un lado y no ir a votar por otro. Lo de hacer memoria y recordar no supondrá mucho esfuerzo ya que no hay que echar mucho la vista atrás pues está demasiado fresco en nuestra memoria la reacción ante el posible referéndum en Grecia. ¿Qué diferencia hay entre un referéndum para aprobar determinadas medidas económicas y entre unas elecciones generales? ¿Qué ha pasado en dos días para que una consulta popular suponga el declive de las bolsas y reciba las críticas de los partidos que ahora nos piden que participemos en estas elecciones? ¿Cuál es la diferencia entre una consulta y otra? Si la base es la consulta a la ciudadanía, ¿por qué tanto rechazo al referéndum griego?
No digo nada nuevo al señalar que el problema es que los programas electorales no son vinculantes y es por ello por lo que para estas elecciones sí se pretende contar con nosotros y nosotras. Porque no importan los programas, porque nos pueden decir que nos darán libertad, felicidad y chucherías pero no están obligados a ello con el voto. El voto a un determinado programa no supone contrato alguno. El partido ganador hará, o no, lo que pone en su programa o incluso podrá hacer lo contrario de lo prometido si lo considera necesario. EL VOTO DA IGUAL. ¿Alguien votó hace cuatro años las reformas que se han llevado a cabo en este país recientemente? Cuando se ha pedido un referéndum ante el cambio constitucional, ¿qué ha pasado? Ya estaba decidido por nuestro bien pero sin nuestro consentimiento.
Que no cuenten conmigo, ni los grandes ni los pequeños, porque creo que el error está en los medios que se nos ha dado para tener voz. No es esto lo que quiero, así no.
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