sábado 28 de enero de 2012

LAS CALLES Y LO PRIVADO (o de cómo se criminaliza el uso libre de las calles)


Con esta breve reflexión pretendo sacar a la palestra, una vez más, el uso del espacio público que estamos permitiendo, reproduciendo y generando todas las personas que a diario nos vemos en las calles. Ante la propuesta del 15-M de realizar este domingo una concentración-asamblea en defensa del uso del espacio público para llevar a cabo reuniones pacíficas sin necesidad de avisar o informar a las autoridades locales pretendo contribuir en la lucha por la recuperación de lo público desde la reflexión sobre lo cotidiano.

Creo que la base del problema del uso del espacio público es que la lógica del mercado se ha apropiado (la hemos dejado apropiarse) de él. Se ha permitido que, como está pasando en otros ámbitos, los intereses privados prevalezcan sobre los colectivos aprovechando los recursos de todas las personas para enriquecerse unas pocas. Resumiendo, con el dinero de todas (recaudado vía impuestos) las administraciones realizan escuelas, hospitales, plazas, calles, alcantarillado, etc. y, con el paso del tiempo, muchos de estos servicios y espacios acaban siendo monopolizados y gestionados por los intereses privados. Por lo tanto, lo que se ha hecho con implicación de todas las personas, acaba siendo utilizado para generar beneficio a un reducido número de personas. Pongamos un ejemplo cercano y que día a día vemos sin cuestionar los porqués.

Nos situamos en cualquier plaza de Madrid (o de otra ciudad) que tenga un bar con terraza. Observamos cómo la terraza está ocupando una parte considerable del espacio público destinado, en principio, para el uso de la ciudadanía. Lo primero que se pensará y se verá normal es que el dueño del bar ha pagado una licencia para poder poner en medio de la plaza o acera unas sillas y mesas. El primer problema que vemos es cómo se ha llegado a normalizar la lógica de que el que paga puede apropiarse de espacios comunes. Nos ha faltado un debate profundo sobre los bienes comunes y su apropiación con fines lucrativos. Por lo tanto, partimos de una postura muy desigual a la hora de afrontar dicho debate pues, por un lado, a todas las personas nos gusta disfrutar de una terraza y por el otro esta práctica está tan aceptada que cambiar el chip será muy complicado. Las terrazas son solo un ejemplo que es ampliable a las ferias de artesanía, las pistas de hielo, los cortilandias, etc.

Inconscientemente estas prácticas generan un imaginario colectivo que acepta la apropiación privada de lo público y elige quién puede utilizar dicho espacio. Se reserva el uso del espacio a aquellas personas que puedan pagar por ello. Aquí debe centrarse la clave del debate. El que paga o tiene capacidad de pagar pasa a ser potencial usuario de lo público (curiosa paradoja) mientras que las personas que no pueden o quieren entrar en ese ciclo de consumo quedan expulsadas de lo público. Esto se puede ver, recogiendo el ejemplo de las terrazas, cuando las plazas se transforman y desaparecen los bancos públicos y se llenan de terrazas privadas. Queda así relegado el uso de la plaza al perfil de usuarios del bar de turno produciéndose de esta manera segregación espacial a través del consumo. Mientras que tomar una cerveza en esa terraza, además de legal otorga un posicionamiento social, la misma cerveza, unos metros más allá, sentadas en el suelo, además de ser algo perseguido sitúa a estas usuarias de lo público como algo marginal. Se arraiga así una desigualdad de usos vinculada a la capacidad de consumo.

La asamblea de este domingo 29 de enero en la Puerta del Sol a las 12 de la mañana está convocada porque la presión policial está creciendo para acabar con este uso del espacio público llegando a amenazas, sanciones y multas por sentarse en grupo a reflexionar sobre la situación actual. Todo lo escrito anteriormente sobre lo arraigado que tenemos “el que paga manda o el que paga ocupa lo público” está en la base de esta presión policial e institucional. Volvemos al ejemplo anterior. Si las asambleas se realizaran en torno a la mesa de una terraza no habría ningún problema porque la lógica de consumo de lo público no se cuestiona. Se convierte en algo necesario e imprescindible mantener y profundizar la forma de actuar y de usar los espacios públicos que está llevando a cabo el 15-M. El cuestionamiento constante de las irregularidades y desigualdades es algo obligado.

SIGAMOS EN LAS CALLES Y PLAZAS!

3 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo, pero además de los mecanismos más obvios que tu comentas para restringir el acceso equitativo y libre al espacio público, están los mecanismos invisibles, como por ejemplo el denominado "urbanismo preventivo" aplicado en Barcelona y Madrid durante los últimos años para evitar que personas "indeseables" como jóvenes o personas sin hogar, hagan lo que los defensores de este tipo de urbanismo denominan como "un mal uso del espacio público", gracias a este urbanismo preventivo los bancos han desaparecido en los centros de nuestras ciudades.

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  2. Así que transgredamos los usos impuestos y recuperemos los espacios públicos de nuestras ciudades.

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    1. Muchas gracias por vuestro comentario!! Tenéis toda la razón, el urbanismo preventivo que pretende limitar y condicionar los usos del suelo es otro de los mecanismos que utilizan las instituciones para segregar aún más a la población y excluir a determinada gente de determinados lugares.

      Mucha suerte y suerte por vuestro proyecto en Argentina!!

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